Tus historias aburridas


Cuando me cuentas tus cuentos, me aburro.

Perdón amor, pero tus historias carecen de relevancia y casi siempre son enfados sin sentido. Por ésta razón es que cuando te enfadas conmigo, me río, porque es otro más de tus corajes infantiles.

Pero espera, no me río en son de burla, me río en son de gozo.

¡Amo ser culpable de tus enfados sin sentido!

¿Tiene sentido lo que te estoy diciendo?

No te hagas la víctima ni la ofendida, mi niña, me entiendes perfectamente. No creas que no me doy cuenta cómo te aburren mis poesías. Piensas que son dramáticas, que representan mi debilidad y eso te molesta. Pero amas ser parte de ellas.

Te encanta cuando escribo sobre tus ojos, sobre tu cuerpo, tu sonrisa o tu alma. Amas también mis poemas de despecho, en las que escribo cómo me haces odiarte de vez en cuando.

¿Será ego o será amor del bueno?

Da igual. Pero sonríe mi hermosa protagonista, sonríe porque te he escrito algo nuevamente. Ah, por cierto, cuéntame otro de tus enfados sin sentido.


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